Chicha, alucinógenos y festejos inka. Ceremonialismo y fiestas del Tawantinsuyu en territorio catamarqueño

31 de Mayo de 2019


Chicha, alucinógenos y festejos inka. Ceremonialismo y fiestas del Tawantinsuyu en territorio catamarqueño

El consumo de drogas en el pasado de la América prehispánica en poco puede compararse con el fenómeno del presente. Hubo sociedades indígenas -y hay muchas aún- que han tenido un conocimiento detallado de plantas que contienen sustancias psicoactivas. Se pueden citar ejemplos conocidos como la ayahuasca, el San Pedro o Wachuma o el peyote, pero son cientos las especies vegetales en toda América. Las sociedades andinas veneran aún hoy al tabaco y a la coca como sus plantas maestras más importantes, una masculina y la otra femenina, respetando el principio de dualidad de todas las cosas del universo. La investigación sobre el pasado andino cuenta con mucha evidencia arqueológica que nos acerca a entender la relación entre los grupos humanos y las plantas usadas  enlas prácticas chamánicas.

Un ejemplo reciente expone el descubrimiento de una tumba de lo que habría sido un antiguo especialista en el consumo de alucinógenos. En el sur de Lipez, Bolivia, arqueólogos descubrieron una abrigo rocoso llamado cueva del Chileno. Dentro, hace más de un milenio, enterraron un miembro de alguna de las comunidades de la época de la sociedad Tiahuanaco (400-900 DC). Si bien el cuerpo fue retirado luego, una costumbre común dentro de lo que se llama enterramientos secundarios, una bolsa con un interesante conjunto de objetos usados para consumir alucinógenos se preservó muy bien. Tabletas de madera, espátulas de hueso y tubos para inhalar se asociaban a restos de plantas traídas desde regiones amazónicas, a cientos de kilómetros de distancia. También una bolsita de cuero confeccionada con hocicos de zorro y una cinta textil quizás para la cabeza o la cintura. Análisis químicos de los objetos, sumado al estudio de los restos de plantas dieron como resultado que esta persona conocía las dos plantas necesarias para producir ayahuasca: la enredadera Banesteriopsis caapi o ayahuasca propiamente dicha y la Psychotria viridis conocida como Chakruna. La combinación produce el poderoso alucinógeno usado para visiones y curaciones shamánicas. Pero además se detectaron restos químicos de coca y de otro potente alucinógeno conocido como cebil (Anadenanthera colubrina). Este último es muy común en el Noroeste argentino, al punto tal que la arqueología llegó a proponer una cultura del cebil para las poblaciones prehispánicas que habitaron este territorio. Tabletas, pipas, escarificadores y otros objetos son comunes de hallar en tumbas de personajes especialistas en las provincias de Catamarca, Salta o Jujuy.

Desde la arqueología es común interpretar que la utilización de estas plantas asociadas al shamanismo y medicina tradicional se restringen a contextos sociales particulares donde intervienen pocas personas. En general se asocian a especialistas capaces de curar, interpretar los sueños, adivinar el futuro entre otras capacidades extraordinarias desde nuestro punto de vista. Pocas veces se ha hecho alusión a contextos de consumos masivos o por lo menos de reuniones numerosas de personas. Es por ello que quisiera hacer una breve exposición de un hallazgo que hiciéramos  desde el proyecto del EIASQ en el sitio arqueológico inka más importante del territorio argentino, El Shincal de Quimivil en la provincia de Catamarca.

El Shincal, el ceremonialismo y las fiestas inkas

Hace muchos años a pocos kilómetros de la población de Londres en el centro de Catamarca se descubrieron las ruinas de un asentamiento inka de difícil comparación con todos los otros que fundaron en territorio del NOA hace ya más de 580 años cuando florecía el Tawantinsuyu. Se definió en las primeras investigaciones como un centro administrativo inka y lugar de residencia de las elites gobernantes para una provincia, posiblemente denominada Quire Quire, alejada 2000 km del Cusco. Hoy, desde nuestro equipo de investigación postulamos que fue mucho más que eso ya que existen pruebas contundentes de que todo el sitio constituía una Waka, espacio sagrado, donde se realizaban ceremoniales complejos, peregrinaciones desde largas distancias y grandes fiestas financiadas por el estado donde se organizaban extraordinarios banquetes de comida y sobre todo consumo de chicha.

Plataforma ceremonial ushnu en el centro de la plaza

La arquitectura de este sitio ha demostrado la complejidad de las ideas inka al momento de planificar un espacio pensado desde su cosmovisión y espiritualidad. Los cerros circundantes fueron utilizados como puntos de referencia a partir de los cuales construir la plaza ceremonial y la plataforma ushnu, lugar donde se oficiaban los ritos más importantes. Estos cerros fueron elegidos porque se distribuyen uno respecto de los otros en perfectas ubicaciones cardinales. Hay uno al este que fue aplanado y adornado con muros y una gran escalera recta hasta la cima. Otro al Oeste, que presenta un gran número de rocas veneradas, una escalera y un muro perimetral que quiebran las direcciones rectas con cortes en zig-zag, a la manera de los muros de Saqsaywaman en Cusco. En el norte hay otro que también tenía una escalera de acceso, varias construcciones circulares y rocas con formas geométricas y horadaciones para volcar chicha. Finalmente al sur tomaron posesión de otro cerro que había sido adoratorio de sociedades más antiguas, aquellas relacionadas con el culto al felino y que fabricaban la cerámica que hoy conocemos como Aguada (400-900 DC). Los cuatro cerros respetan los principios de la división cuatripartita andina, cuyo símbolo más destacado en la Chakana o cruz andina. En las plazas, los edificios públicos como los que conocemos como kallankas, el ushnu y muchos otros edificios hechos con muros de piedras los inkas celebraban ceremonias y sobre todo organizaban las fiestas estatales como el Inti Raymi. La evidencia de estas fiestas y banquetes la hemos encontrado en el descarte de cientos de botellones donde servían la chicha pero sobre todo en el hallazgo de más de veinte morteros comunales donde por turnos se procesaban plantas como el maíz y la algarroba para confeccionar bebidas alcohólicas. Estos morteros, de los cuales hemos calculado que podrían haber trabajado al  mismo tiempo decenas de personas fueron excavados por nuestro equipo y se descubrieron miles de restos vegetales, desechos de la molienda y cocción de las diferentes chichas. Pero entre tantos restos comestibles recientemente hemos dado con la sorpresiva identificación de semillas de una planta muy poderosa desde los efectos alucinógenos que produce. Se la conoce como chamico en la zona andina o Datura stramonium en el mundo científico.

Los alucinógenos en las chichas de los inkas

Las daturas constituyen una familia con un amplio repertorio de especies con componentes psicoactivos. El chamico produce unas semillas con mayor concentración de hiosciamina, escopolamina y atropina, alcaloides neurotóxicos que aún en bajas dosis puede resultar mortal. En dosis pequeñas se usaba como medicina, pero aumentandola se convierte en una droga poderosa. Entre varios efectos se destacan el estado de excitación, incoordinación muscular, apatía, alucinaciones e incluso pérdida de conciencia. Etnográficamente en América se tiene un registro amplio de su uso, poniendo un ejemplo claro entre los mapuches quienes lo conocen como miyaye. Se sabe que puede ser administrado a través de bebidas, moliendo la semilla o hirviendo otras partes de la planta. También fumado, inhalado o en enemas. Arqueológicamente existen registros para América del norte vinculado a contextos rituales. En México se ha consumido sin distinguirla de Datura inoxia, especie muy similar al chamico, que se conoce como toloache. Grabados y pinturas exponen sus formas de usos para producir estados alterados de la mente. En la zona andina existe un único registro hasta el momento hecho por la Dra. Planella y su equipo en un sitio del centro de Chile. Han identificado en contextos funerarios del sitio El Mercurio una alta cantidad de semillas en diferentes vasijas y entierros. Se pudo saber que muchos de los entierros se correspondían con niños lo cual lleva a reflexionar sobre las prácticas shamánicas y míticas mapuches que, aunque reconocen que las prácticas relativas al chamico cambiaron a lo largo del tiempo, se mantienen siempre dentro de la esfera ritual.

Semillas de chamico carbonizadas identificadas en los morteros de El Shincal

El antecedente más importante para el hallazgo de El Shincal proviene de los escritos del padre Bernabé Cobo de 1653 donde relata aspectos fundamentales de la religión inkaica. El chamico es descripto con capacidad “embriagante” en pequeñas dosis y como veneno mortal usado para asesinar rivales. Los estudiosos peruanos aluden que los shamanes de la época inka lo consumían entre otras plantas alucinógenas para producir la conversión en animales. Más acá en el tiempo, en relación con la preparación de chicha, he podido obtener un relato en una picantería (chichería) de la ciudad de Cusco. Allí me manifestaron las chicheras que en ciertas ocasiones lo administran en dosis muy pequeñas para producir por efecto mágico la atracción de un número mayor de clientes.

Morteros comunales donde se procesaban los ingredientes para hacer chicha

Lo particular del contexto de El Shincal se resalta en que es la primera vez que puede obtenerse información acerca de un consumo que no es privativo sólo para unos pocos especialistas. Las chichas producidas en ese espacio eran para el consumo en las fiestas. Pero es necesario reconocer que las proporciones de maíz y algarrobo, con las que hacían las bebidas alcohólicas, son significativamente más altas que las 54 semillas de chamico contabilizadas en las muestras de los morteros. Esto significa que las chichas con “aditamentos” eran especiales y no tan abundantes como las otras más comunes. Quizás unos pocos, una elite, podía tener acceso a las mismas. O solamente, si era consumida masivamente, en algún momento especial acotado para experimentar alteraciones de la mente más fuertes que la embriaguez alcohólica.

Cabe una reflexión actual sobre esto último. Si bien se puede pensar que en las fiestas inka de El Shincal se consumían alucinógenos poderosos por una cantidad importante de participantes, no hay que olvidar que los festejos siempre se enmarcaban en una esfera de ritualidad y por ende de sacralidad. En la actualidad se está experimentando una revitalización por las antiguas prácticas shamánicas en gran medida por la constitución de un mercado que moviliza importantes flujos de dinero. En Perú se multiplican los comercios destinados a ofrecer experiencias alucinógenas a través del consumo de psicoactivos obtenidos de las plantas de poder. Pero las reglas del mercado poco respetan las antiguas tradiciones y menos aún los modos en que un sujeto se convertía en shamán luego de años de preparación. Los turistas de los países ricos desembarcan deseosos de experimentar los efectos del poder de las plantas maestras. Pero poco conocen de la filosofía profunda que se esgrime detrás de las antiguas tradiciones. La búsqueda de experiencias del éxtasis parece ser una nueva faceta de la sociedad individualista, consumista y hedonista occidental . La apertura indiscriminada del mundo de las plantas de poder puede resultar un buen negocio, una peligrosa aventura y una pérdida de los sentidos y saberes ancestrales.

Para saber más ver:

https://consumidoresorganicos.org/2018/05/23/peru-la-muerte-olivia-arevalo-la-mercantilizacion-la-ayahuasca-turismo-shamanico/

Artículo colaboración de Marco Antonio Giovannetti Licenciado y Doctor en la FCNyM - Investigador adjunto CONICET-División Arqueología Museo de La Plata (FCNyM-UNLP) - Jefe de trabajos Prácticos en la cátedra de Arqueología Argentina-FCNyM (UNLP)