Darwin y las sequías en la provincia de Buenos Aires

08 de Noviembre de 2018


Darwin y las sequías en la provincia de Buenos Aires

Durante su célebre viaje alrededor del mundo Darwin estuvo varios días en las pampas bonaerenses donde tuvo la oportunidad de realizar diversas actividades, incluso llegó a conocer a Juan Manuel de Rosas. Una de sus observaciones más destacadas se refiere a un fenómeno climático que tuvo un gran impacto regional y que recibió un nombre propio: la Gran Seca.

La presencia de Darwin en la pampa (1833) coincidió con el último tramo de un período inusualmente frío que se inició en el Siglo XIV y terminó alrededor de 1850, denominado la Pequeña Edad de Hielo. Su travesía, además, fue durante un lapso particularmente frío ocasionado por una disminución marcada de la radiación solar, llamado Mínimo de Dalton. En el Hemisferio Norte la disminución de la temperatura estuvo acompañada de grandes lluvias. Pero en el Hemisferio Sur la Pequeña Edad de Hielo se caracterizó por largas sequías interrumpidas por lluvias fuertes e inundaciones.

En varias ocasiones esas sequías produjeron la mortandad masiva de animales, por ejemplo en el período 1800-1810, o durante 1749 cuando el jesuita Sánchez Labrador relata que:

El año (1)749. hubo grande sequia, y falta de agua en las Pampas; concurrían á sus acostumbrados abrevaderos los Baguales, y como no hallaban agua, caian muertos de sed, trepando unos sobre los otros, de manera que sus cadáveres formaron tan exesivos montones, que parecian Lomas ó colinas altas”.

La experiencia de Darwin fue casi unos cien años después. En "Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo" relató lo siguiente acerca de la Gran Seca:

"El período comprendido entre los años 1827 y 1832 se llama el «gran seco», o la gran sequía. Durante ese tiempo fue tan escasa la lluvia caída, que no creció ninguna planta, ni siquiera cardos; los arroyos se secaron, y todo el país tomó el aspecto de un polvoriento camino carretero. Así ocurrió especialmente en la parte septentrional de la provincia de Buenos Aires y meridional de Santa Fe. Pereció un gran número de aves, animales silvestres, ganado vacuno y caballar por falta de alimento y agua. Un hombre me dijo que los ciervos solían meterse en su corral a buscar la poza que se vio obligado a cavar para proveer de agua a su familia y que las perdices apenas tenían fuerza para huir volando cuando se las perseguía. El cálculo más bajo supone que se perdieron sólo en la provincia de Buenos Aires un millón de cabezas."

"Un testigo de vista me refirió que el ganado vacuno, en rebaños de millares, se precipitó en el Paraná, y, exhausto por el hambre como estaba, no pudo encaramarse a los bancos de cieno, y así, pereció ahogado. El brazo del río que corre junto a San Pedro estaba tan lleno de cadáveres en putrefacción, que, según me dijo el patrón de un barco, el hedor le hacía de todo punto infranqueable. Indudablemente, varios cientos de miles de animales perecieron así en el río; viéronse sus cuerpos ya podridos flotar arrastrados por la corriente, y muchos, según todas las probabilidades, quedaron sepultados en el estuario del Plata."

Más allá de esta descripción, se presenta muy interesante la interpretación que hizo Darwin acerca de las consecuencias de este fenómeno natural catastrófico, en un pasaje que, además de mostrar su genio, parece anunciar la filosofía de sus escritos posteriores:

"Después de la sequía de 1827 a 1832 siguió una época de lluvias copiosísimas, que causaron inundaciones. De donde podemos inferir casi con gran certeza que algunos millares de esqueletos quedaron sepultados por los arrastres de tierras del año inmediato. Si un geólogo viera tan enorme colección de huesos de toda clase de animales y de todas las edades, encastrados así en una espesa masa de tierra, ¿qué pensaría de todo ello? ¿No lo atribuiría a un diluvio que hubiera barrido la superficie de la tierra, antes que al curso natural de las cosas?"

Pero esta historia no termina, resulta que científicos actuales hallaron y estudiaron una acumulación de esqueletos de la Gran Seca.

Durante el año 2008 se publicó un estudio de un yacimiento paleontológico cuyos esqueletos tienen evidencias que se corresponden con una mortandad masiva y catastrófica de ganado. Lo interesante es que las características del depósito, como predijo Darwin, indican los efectos de una sequía seguida de una inundación. Se trata de un gran conjunto de esqueletos de vacas, caballos y ovejas en una pequeña barranca lindera al río Salado, en el partido de Chascomús. Los huesos ocupan un área de unos 70 metros y se disponen en una zona que, en la época, era favorable para que el ganado se acerque a abrevar en el río durante los años de sequía.

Por la complejidad del estudio se asociaron varios paleontólogos con los miembros del Laboratorio de Tritio y Carbono 14 de la Universidad Nacional de La Plata. De este modo analizaron las características de los huesos y también los fecharon aplicando una técnica refinada que permitió asignar el conjunto óseo a un lapso comprendido entre el año 1827 y 1830, lo cual corresponde con la Gran Seca de la que fue testigo el joven Darwin.

Pero, lo particularmente interesante de este estudio fue que sus resultados coinciden con la interpretación del sabio inglés: "... al curso natural de las cosas...". Posiblemente este enfoque de Darwin sea uno de sus mayores legados: interpretar a la naturaleza sin condimentos sobrenaturales.

Carlos Adrián Quintana

Perfil en academia.edu: https://oseoalterado.academia.edu/CarlosAdrianQuintana

Se desempeña como técnico del Laboratorio de Arqueología de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Como integrante de ese laboratorio, y de otros, ha publicado numerosos artículos en revistas científicas nacionales e internacionales y capítulos de libros científicos, sobre temas relacionados con la paleontología de mamíferos y la zooarqueología bonaerense.

Publicó varios artículos y cinco libros de comunicación pública de la ciencia:

QUINTANA C. A., 2008. Los fósiles de Mar del Plata. Un viaje al pasado de nuestra región. Ed. Del Espinillo. 213 pp. ISBN 978-987-05-5045-7.

 QUINTANA C. A., 2010. Señor Pata de Cabra. Crítica a la Sinrazón Pura. Ed. Del Espinillo. 200 pp. ISBN 978-987-05-3119-7.

QUINTANA C. A. 2012. Osvaldo Alfredo Reig. Colección “Conociendo a Nuestros Científicos”. Universidad de La Punta, San Luis.

QUINTANA C. 2013. La Pequeña Edad de Hielo. El tren del cambio climático 1310-1850. 96 pp. Ed. Vázquez Mazzini y Fundación de Historia Natural F. de Azara. ISBN 978-987-29251-0-9.

QUINTANA C. 2015. Los fósiles de Mar del Plata. Un viaje al pasado de nuestra región. 2da Edición. 242 páginas. Editorial Vázquez-Mazzini y Fundación de Historia Natural Félix de Azara. ISBN 978-987-3781-22-3.

Entre estas publicaciones orientadas para público no especialista se destaca “Los fósiles de Mar del Plata. Un viaje al pasado de nuestra región”, cuya primera edición recibió una distinción en la categoría Divulgación Científica del Premio a la Comunicación Pública de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación Productiva, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Resolución 526/2011.