El canto del tiempo, un documental que une dos mundos

12 de Noviembre de 2019


El canto del tiempo, un documental que une dos mundos

Con el objetivo de preservar, revitalizar y promover las lenguas originarias, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó este 2019 como Año Internacional de las Lenguas Indígenas. En este marco, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, a través de la Semana de las Lenguas de los Pueblos Originarios propone actividades que visibilicen las lenguas de los pueblos originarios de la Provincia. En este sentido está prevista la proyección del documental El canto del tiempo, las andanzas por la selva misionera del dúo Tonolec, bajo la atenta mirada del realizador Mana García. Se podrá ver el próximo viernes 8 de noviembre en la EES 84, ex EES 11, Luis Agote 10698-1060, Cuartel V, Moreno. A las diez horas. Entrada libre y gratuita.

En lo profundo de la selva misionera resuena el eco de una canción ancestral. Es la voz del pueblo Mbya Guaraní que mantiene vivo su legado a través del canto de sus niños. Charo Bogarín y Diego Pérez, artífices del proyecto musical Tonolec –que fusiona electrónica y raíces folclóricas–, se adentraron en sus aldeas para buscar melodías que sirviesen como inspiración para su nuevo álbum.

De la mano de sus colegas Nerina Bader y Karoso Zuetta, que hacen las veces de anfitriones, Charo y Diego recorrieron aldeas guaraníes como Fracrán (San Vicente) y Fortín Mbororé (Puerto Iguazú), entre otras para imbuirse en los sonidos ancestrales de esas comunidades. Como secuela de esa travesía, surgió el documental El canto del tiempo, que dirigió Mana García.

La música es el puente que acorta distancias y promueve el encuentro entre estos dos mundos, y en la alegría de los coros de niños, el dúo encontró un universo sonoro por descubrir.

Entre las aldeas y el estudio de grabación, El canto del tiempo es un viaje musical de descubrimiento, aprendizaje, inspiración e integración entre los cantos ancestrales Mbya y el sonido contemporáneo del grupo.

Una película valiosa para celebrar el amor, como así también para conmemorar los Derechos de la Niñez y celebrar el Año Internacional de las Lenguas Indígenas.

Su realizador, Mana García, contestó un pequeño cuestionario.

El canto del tiempo se llevó a cabo con registros en aldeas guaraníes de Misiones y Brasil a lo largo de cinco años. ¿Qué enseñanzas te dejó el documental?

Muchas cosas. Desde la experiencia de la película y todo lo relativo a lo musical pero sobre todo desde el aspecto humano. Enseñanzas que se desprenden, en particular, de ver la relación que la comunidad guaraní tiene con la naturaleza y con lo espiritual. La poética que tiene el guaraní como lengua... Algo que me dejó huella fue ver la forma que ellos tienen de criar a sus chicos. Con mucha horizontalidad, haciéndolos partícipes de todo, involucrándolos y teniendo claro que los ellos son el futuro. En el plano musical, la confirmación del poder de la música como lenguaje universal. No importa si recién nos conocemos, si no hablamos el mismo idioma, solo hace falta que suene una guitarra, que alguien cante desde el corazón y de repente todas las distancias se acortan.

¿Cómo se dio la colaboración con Tonolec? ¿Qué buscaron priorizar al reconstruir ese viaje a la selva misionera?

A Charo y Diego ya los conocía por una colaboración anterior: en 2011 participaron de una serie documental que realicé para la TV Pública llamada Polifonía donde registré el proceso creativo de treinta y dos artistas de diversas disciplinas, Tonolec, entre ellos. Años después fueron ellos quienes me convocaron a mí, y me contaron que querían ampliar el abanico de su búsqueda y adentrarse en el universo sonoro guaraní. Ellos habían trabajado con la música y la cultura qom durante más de una década, y si bien el resultado sonoro había quedado plasmado en sus discos, era una pena no tener registro de la parte más rica del proceso: las visitas a las aldeas y el aprendizaje de primera mano de una lengua, de una música, de una cosmogonía. Por eso en este nuevo rumbo que iniciaban, me propusieron documentar esos primeros encuentros con la cultura guaraní y poder dejar testimonio de ese proceso tan rico.

¿Cuáles son las diferencias que encontraron en la música guaraní?

La música guaraní es bastante distinta a la música qom en su sonoridad, y sobre todo en la función social que cumple dentro de sus comunidades. Mientras la música qom tiene ese aura “sagrado” y “ritual” en donde sus cantos son entonados por los adultos, la música guaraní es casi exclusividad de los niños y es cantada en coro. Sus cantos son formativos, es decir, que los guaraníes utilizan la música como una forma de transmitir y mantener vivos sus valores a través de los chicos, y al ser entonados por ellos también adquieren un tono más lúdico. Esto fue especialmente interesante de ver en el proceso de inspiración de Tonolec, ya que los obligó a correrse de lo que habían hecho anteriormente, especialmente a Charo que debió acercar su registro vocal al del canto de los niños.

¿Y en lo formal?

En ese punto, la música guaraní tiene algunos rasgos distintivos inconfundibles. Una forma circular, sin diferencia entre estrofa y estribillo, el rasguido constante de la guitarra tocada “al aire” (sin usar la mano izquierda) y manteniendo siempre un único acorde; los tacuapús (caña de bambu agujerada) que golpean las niñas contra la tierra a modo de percusión, las maracas y el violín que se suma muchas veces, y la inconfundible voz de los niños cantando en coro.

¿Sentís que aportaron su granito de arena para la causa y la lucha de los pueblos originarios?

Nuestro humilde aporte como músicos y realizadores es ser difusores. Mostrar que estas culturas están vivas y que habitan nuestro mismo suelo. Siempre desde el respeto y haciendo foco en lo que ellos tienen y lo que ellos son.