Irene Bernasconi, una de nuestras científicas pioneras

12 de Marzo de 2019


Irene Bernasconi, una de nuestras científicas pioneras

La ciencia es una de las áreas en las que la igualdad de género avanza más resueltamente. Y entre las argentinas pioneras hay que destacar el papel del mítico grupo “Las cuatro de Melchior”, un equipo de científicas que fueron parte del primer trabajo de campo realizado por mujeres en el continente blanco en el año 1968. Ellas no sólo se adaptaron a este medio desfavorable y vedado a las mujeres argentinas hasta ese momento, sino que lo renovaron, abriendo la puerta a muchas otras que en la actualidad forman parte de las dotaciones científicas en la Antártida.

Las cuatro investigadoras se desempeñaban en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”: la bióloga marina Irene Bernasconi, la más destacada especialista del país en equinodermos (estrellas de mar); María Adela Caría, bacterióloga, jefa de microbiología del MACN y miembro de carrera de Investigador en el CONICET; Elena Martínez Fontes, jefa de la Sección Invertebrados Marinos del MACN; y Carmen Pujals, reconocida ficóloga (especialista en algas marinas) de amplia trayectoria.

El año pasado, en ocasión del 50 aniversario de esta campaña, el Servicio de Hidrografía Naval aprobó cuatro nuevos topónimos antárticos que fueron presentados al Consejo de Investigaciones Científicas Antárticas (SCAR): Ensenada Pujals, Cabo Caría, Cabo Fontes y Ensenada Bernasconi, que se encuentran en el extremo sureste de la Península Jasón, que nace de la Península Antártica en el Mar de Weddell. Este tributo permitió integrar los nombres de estas cuatro precursoras a la cartografía antártica argentina.

Además, “Las cuatro de Melchior” –por el nombre de la base temporaria argentina donde desarrollaron sus actividades– aportaron al conocimiento de las algas marinas, esponjas silíceas, estrellas, erizos de mar y otros invertebrados. Y efectuaron estudios de microbiología ambiental.

En el Día Internacional de la Mujer queremos recordar a una de ellas, Irene Bernasconi (1896-1989), quien se consagró al estudio de las ciencias naturales, especializándose en zoología en el MACN. Bernasconi ejerció la docencia y la investigación, concentrándose a lo largo de 55 años en el estudio de los equinodermos (animales que tienen la piel erizada de tubérculos, puntas o espinas), animales exclusivamente marinos. Sin embargo, también plasmó investigaciones sobre estrellas quebradizas y erizos de mar.

A lo largo de su carrera, Bernasconi descubrió una serie de nuevos géneros y especies. Su primera publicación taxonómica, en la que describió nuevas especies del género Pteraster, se publicó en 1935. Seis años más tarde, determinó dos nuevas especies del género Luidia. Entre 1937 y 1980, Bernasconi revisó la taxonomía de un número importante de familias: Pterasteridae, Luidiidae, Odontasteridae, Gonisasteridae, Ganeriidae, Asterinidae y Echinasteridae. En 1965 puntualizó el nuevo género de Vemaster junto con cuatro nuevas especies.

En 1947, Bernasconi obtuvo el premio Dr. Eduardo Holmberg por su obra Asteroides argentinos (estrellas de mar); asimismo, publicó más de 50 textos, entre ellos: Equinodermos: resultado de la primera expedición a Tierra del Fuego, Los equinodermos de los mares argentinos y Los asteroides sudamericanos de la familia Indiae. Cuando arribó al continente blanco a principios de noviembre de 1968, Bernasconi contaba con 72 años pero era dueña de una vitalidad única, esa que la convirtió en una de las pioneras del campo científico argentino.