La divulgación científica como trampolín en la literatura de Nadia Gómez

09 de Octubre de 2019


La divulgación científica como trampolín en la literatura de Nadia Gómez

El taxidermismo es el ardid de un ilusionista que sabe coser. Los relatos de Bichos raros de Nadia Gómez –libro ilustrado por Muriel Bellini y lanzado por Palabras Amarillas– emulan esa práctica aunque mantengan sus costuras a la vista. Discursos apenas montados por el deseo cochino de un narrador que escribe para volver a creer en algo.

Noticias, el trabajo en una escuela, sueños y papers científicos en un contrapunto falaz. La estupidez animal humaniza a los personajes hasta convertirlos en detritus de sí mismos. Esa es también la mirada de Muriel Bellini, que materializa un imaginario asesino y lunar. Sus dibujos hacen toser el lenguaje, atragantan los ojos y elevan este artefacto al arte de la taxidermia.

¿Qué te llevó a escribir Bichos raros?

Nadia Gómez: “Cuando escribí Bichos raros lo que me desafiaba tenía que ver con expresar cierto costado anómalo que yo registraba en mi inmediatez sin pretensión alegórica ni voluntad correctiva. A partir de esa búsqueda expresiva encontré en los artículos de divulgación científica una suerte de trampolín y, a la vez, una nota al pie para esa sátira personalísima de costumbres. Leía y robaba de revistas online: información sobre comportamiento de especies animales, experimentos curiosos; datos que mezclaba y con los que empecé a tejer paralelismos espurios para abordar escenas de mi mundo próximo sobre las cuales me interesaba echar luz o poner foco y medio así zafar de un costumbrismo bobo.

¿Por qué el interés por el discurso científico como disparador de tus textos?

El discurso científico, en su aparente neutralidad, tenía para mí una dimensión muy potente para abordar ciertas obsesiones como la corrupción institucional, los abusos de autoridad, el karma o la frustración en el trabajo. Y, a medida que armaba esas correspondencias temáticas, buscaba la forma de detonar por dentro el discurso científico, mostrando el nivel de paradoja y contaminación que tenemos a la hora de nombrar lo vivo. De ahí el montaje. La anécdota, la enrarecía, la vaciaba de todo juicio valorativo y la exponía de modo tal que acababa vibrando en su lado más delirante. Sin embargo, no porque buscara ese efecto sino porque en el modo de mostrarla se volvía así, rara, inclasificable. El costado enciclopédico lo trabajaba aparte y después lo superponía sin demasiada costura; la relación surgía luego en el plano de la lectura.

Y ahí aparece el estilo…

El estilo es un poco la forma en la que se cruzaron esos discursos de diversos ámbitos y por eso la apuesta por la polifonía y la fricción terminológica: puede aparecer un latinismo al lado de la línea de un chico preso. Lo tumbero, lo onírico, lo baladí, un tecnicismo gramatical, formas de la lengua con las que lo singular se trama con la historia.

Aquí un fragmento del relato “Simios grandes”

Tres macocos tenían que aprender a tocar una luz láser que se proyectaba en un tablero. Las luces las podían ver a través de un espejo. En un momento uno de los monos no tocó la superficie del espejo sino que se la llevó a la cara. Tres semanas de ejercicios demostraron que la habilidad de reconocimiento visual y proprioperceptiva no es diferencial ni intrínseca a los seres humanos o simios grandes. Para los científicos, esto confirma que hay muchos seres que están a la espera de despertar sus conciencias.

Desde hace unos días llega una caja. En la caja hay 30 barras de cereal Día y 15 alfajores de envoltorio dorado. Longa agarra tres barras de cereal, una por el desayuno, otra para la merienda, otra por las dudas de que mañana no venga la caja y mientras come, habla. Michael Jackson nació negro, dice, pero rechazaba su condición. No es novedad los tratamientos que se aplicó para despigmentarse, el gesto es en varios puntos problemático, y durante mucho tiempo lo juzgué mal pero mi hija era tan fan que me lo puse a estudiar. La violencia, comprendió Longa, está sistematizada a tal punto en la conciencia de las personas que no se necesita ningún agente exterior. Son las propias piezas las que se auto infringen las líneas de normalización. Longa hace circular el examen de Benaderette. Agus Benaderette copia literal algunas partes. Otras las copia mal, sobre todo palabras sueltas. Escribe étnica por ética, donista por hedonista, evolucionaria por revolucionaria. Al principio Longa tacha y reescribe, luego empieza a pensar. Ahora quisiera discutir la condición de víctima de Benaderette. Mandaron un comunicado por mail, dice Ugo. Profesores por favor adecuar la indumentaria al espacio de trabajo. Nora señala que si le pagaran mejor vendría vestida de lujo. Benaderette mutiló palabras, empastó otras sin conexión, subordinó frases que contravinieron la gramática. Un signo de pregunta sobre desindicar y auto-cultura. La agramaticalidad de las frases, sospecha Longa, es que no entendió una goma, dice. Longa está cansado de corregir. Luciana estaba enloquecida con Michael Jackson, sigue, a tal punto que cuando vino a la Argentina una FM organizó un concurso. Escribió 600 cartas para poder asistir al recital. Usó la letra más hermosa del mundo para ganar y me obligó a comprar sobres color crema porque quería que se distinguieran de los demás pero sin que se notara tanto porque seguro que eso no iba a funcionar. El sorteo era un día de diciembre cerca de su cumpleaños. Ella nació un 8, el día de la Virgen. Esa noche prendió una vela y pensé que quizá debería llevarla a un psiquiatra. En esa época yo tenía una cámara. Se había filmado en un video donde dejaba testimonio de que si no salía sorteada se cortaría la lengua. Durante varias semanas amenazó con una tijerita china... No podíamos comprender la cabeza de esa chica. Le dije que si se cortaba la lengua le tiraba todos esos discos a la calle y se calmó. Hay personas así, que buscan su límite, dice Longa, cuando lo encuentran siguen lo más bien. (...)