LAS MUJERES EN LA CIENCIA: ANA CAROLINA ARIAS

05 de Marzo de 2018


LAS MUJERES EN LA CIENCIA: ANA CAROLINA ARIAS

Las mujeres en la historia de la ciencia

Las historias convencionales de la ciencia se han construido en base a “los grandes hombres” y sus teorías, o a la reconstrucción de los linajes y aportes de las figuras consagradas. Estas historias dedicaron poco espacio a las actividades que forman parte de la construcción del conocimiento muchas de ellas realizadas por las mujeres. En los últimos años, se han promovido nuevos enfoques en la historia de la ciencia, que han profundizado tanto en el estudio de las prácticas concretas y como en la cultura material de las disciplinas científicas. Estos enfoques contribuyen a mostrar  las redes de relaciones y los actores e intermediarios que intervienen en las actividades científicas cotidianas.

En el marco de las actuales discusiones, constituyen un aporte imprescindible los estudios de las mujeres en la ciencia. Ya desde la década de 1980, muchas feministas, historiadoras e investigadoras comenzaron a cuestionar la ciencia desde una perspectiva de género. Así, surgieron diversas líneas de investigación y crítica, que mostraron la ausencia de mujeres en los relatos históricos y cuestionaron las desigualdades de género en la ciencia contemporánea.

La cuestión “mujeres, género y ciencia” ha generado y genera numerosos estudios en el mundo En términos generales, se podrían mencionar dos tipos de investigaciones en este camino: por un lado, los trabajos dedicados a las relaciones entre ciencia y género que muestran cómo la noción de género ha sido ignorada en muchos estudios sobre la actividad científica. Así, se comenzó a indagar en las implicaciones de género, tanto en el trabajo intelectual de las mujeres como en las formas de investigación científica y sus resultados; promoviendo un tipo de investigación conocido como “epistemología feminista”. Estos enfoques han demostrado los sesgos de género en la construcción del conocimiento científico, discutiendo la objetividad y la neutralidad del conocimiento. Como dice Donna Haraway, el conocimiento y las prácticas son siempre “situados”.

Por otro lado, están los estudios sobre la cuestión de la mujer en la ciencia, que analizan la inferioridad en número y en representación de las mujeres en el sistema de la ciencia y la tecnología. En esta línea se han realizado estudios sobre el  número de mujeres que se dedican a ciertas actividades y su posición en el sistema jerárquico científico; considerando discriminaciones, diferencias en las carreras y la feminización de algunas disciplinas. Estos estudios también se ocuparon de la “invisibilización” de las mujeres en la ciencia a lo largo de la historia. Como consecuencia de estos aportes, una vez documentada la “existencia” de mujeres y sus contribuciones a la ciencia, se amplió la mirada, analizando las circunstancias personales y externas que les permitieron a las mujeres desarrollar una carrera científica, así como los factores que inhibieron sus logros o el reconocimiento de sus aportes. También, se analizaron las dinámicas del trabajo femenino y las formas de colaboración que necesitaron las mujeres para acceder a la información y a los instrumentales científicos.

 

En las últimas décadas, desde diferentes lugares: feministas, historiadoras, científicas e investigadoras en ciencias sociales continúan expandiendo la visión crítica de la ciencia. Por ejemplo, señalando que las mujeres han participado de la historia de la ciencia de diferentes maneras, incluso antes de que pudieran acceder a una trayectoria profesional. Así, encontramos patrocinadoras, ilustradoras, educadoras, escritoras populares y compañeras de trabajo de sus maridos científicos. Las historias de las mujeres en la ciencia permiten reflexionar más allá del laboratorio y de sus estructuras particulares, incluso señalan la presencia de diversos sujetos -no sólo mujeres- que contribuyeron con la ciencia desde distintos lugares: coleccionistas, taxidermistas, traductores/as, proveedores/as de conocimientos locales en el campo, entre otros.

 

Mujeres universitarias en la Argentina

Hace poco más de cien años, algunas mujeres consiguieron entrar a las carreras universitarias argentinas que, hasta fines del siglo XIX, estaban reservadas exclusivamente a la población masculina. Entre fines del siglo XIX y mediados del siglo XX, se da un proceso lento -y variable según disciplinas- de incorporación de las mujeres a la educación superior. Las profesiones más elegidas por las primeras estudiantes fueron aquellas consideradas como “típicamente femeninas”, sobre todo aquellas vinculadas a las ciencias de la salud, como medicina, farmacia y odontología; aunque también se registran mujeres en otras carreras y facultades, especialmente en el área de las humanidades y de las ciencias de la educación, así como en química y ciencias naturales.

El desarrollo de las carreras académicas fue paulatino para las mujeres, alcanzando puestos de menor jerarquía que los hombres o accediendo inicialmente a ocupaciones relacionadas a una supuesta “naturaleza femenina” o consideradas “trabajo de mujeres”; entre éstas las mediciones, la ilustración o el trabajo  de secretaria, bibliotecaria o asistente. Unas pocas ejercieron su profesión libremente. También hubo muchas científicas que supieron ganarse un lugar en el ejercicio profesional participando en diferentes actividades: presentando sus trabajos en eventos y reuniones científicas, publicando artículos en destacadas revistas nacionales e internacionales, uniéndose a sociedades y agrupaciones profesionales, creando instituciones orientadas a la formación profesional femenina y también como funcionarias estatales.

 

¿Y fuera de la universidad?

Los ámbitos de participación científica exceden los académicos y universitarios. Muchas mujeres se han dedicado a recolectar objetos en el campo, a observar la naturaleza, a realizar experimentos en su casa, a formar colecciones y museos, ilustrar materiales científicos y clasificar minerales, aves, insectos, plantas, lenguas, entre muchas cosas más. Nos encontramos con maestras, aficionadas, esposas de científicos, exploradoras, estudiosas. De alguna forma u otra, se conectaron con diferentes redes de circulación de saberes y materiales, proveyendo datos, discutiendo interpretaciones y produciendo nuevos conocimientos. Por ejemplo, en la década de 1930 Amelia Larguía de Crouzeilles, una dama de la élite santafesina, viuda y cercana a los 70 años, formó una de las colecciones de piezas arqueológicas más grande de la región, clasificándolas e interpretando sus relaciones con otras culturas. También Alejandra Pupio muestra cómo en el sur bonaerense coleccionistas, periodistas y maestras fomentaron los museos y colecciones locales y actuaron a su vez como corresponsales e intermediarias entre los vecinos y los arqueólogos durante las décadas de 1930 y 1950. Al observar las prácticas concretas de la ciencia, vemos que exceden los espacios tradicionalmente relacionados con el saber (el laboratorio, la universidad, el museo). Considerar la historia desde las actividades femeninas permite una noción más compleja de la práctica, la circulación, los intercambios y los límites difusos entre los ámbitos privados e institucionales de la ciencia.


 

Debemos reconocer que las mujeres científicas en el mundo, y en especial en la Argentina, fueron ampliando sus posibilidades durante el siglo XX, abriéndose a nuevos espacios académicos, institucionales y de inserción profesional. Tales avances no implican una igualación en términos de acceso a una carrera profesional con los varones, puesto que la actuación femenina ha sido (y lo sigue siendo), en su mayoría, subalterna en las instituciones y en los ámbitos académicos y profesionales. Nos encontramos aquí con el conocido “techo de cristal”. Para explicarlo con un ejemplo, actualmente el 52% del total de investigadoras/es de Conicet son mujeres, pero sólo el 25% del total son investigadoras superiores.

Esta situación hace que sea de gran importancia realizar investigaciones que en principio sean “visibilizadoras” de las mujeres vinculadas a la ciencia, pero que además avancen en discusiones que permitan re-pensar las prácticas científicas del pasado y del presente.

 

Bibliografía

García, Susana V. 2006. “Ni solas ni resignadas: la participación femenina en las actividades científico-académicas de la Argentina en los inicios del siglo XX”, en Cadernos Pagu, 01 December (27), pp.133-172.

Kohlstedt, Sara G. 1995 “Women in the History of Science: An Ambiguous Place”. En: Osiris, Chicago, Vol. 10, pp. 39-58.

Lorenzo, María Fernanda. 2016. Que sepa coser, que sepa bordar, que sepa abrir la puerta para ir a la Universidad: las académicas de la Universidad de Buenos Aires en la primera mitad del siglo XX. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Eudeba.

Nyhart, Lynn K. 2016. “Historiography of the History of Science”. En: Bernard Lightman (comp.) A Companion to the History of Science. Wiley Blackwell.

Pupio, Alejandra. 2011. “Coleccionistas, aficionados y arqueólogos en la conformación de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata, Argentina (1930-1950)”. En: Coleccionismos, Prácticas de campo e representaҫões. Editado por Alda Heizer y Margaret Lopes. EDUEPB, Universidad Estadual da Paraíba, pp. 269-280.

Rossiter, Margaret. 1997. “Wich Women? Wich Science?”. En: Osiris, Vol. 12, pp. 169-185.

 

Imagen

Estudiantes de Farmacia, curso 1912

Aldo H. Campana

Facultad de Ciencias Exactas - UNLP
 

Ana Carolina Arias 

anacarolinaarias@yahoo.com.ar

https://unlp.academia.edu/AnaCarolinaArias
Archivo Histórico del Museo de La Plata, FCNyM, UNLP

Lic. en Antropología y Especialista en Educación en Géneros y Sexualidades (ambas por la UNLP). Es becaria doctoral de la UNLP y está finalizando su tesis doctoral, sobre la participación femenina en las prácticas y la producción de conocimientos antropológicos durante la primera mitad del siglo XX en la Argentina. Ha publicado algunos artículos y capítulos de libro sobre esta temática. También se desempeña como docente en la cátedra Orientaciones en la Teoría Antropológica, FCNyM, UNLP.