MUJERES EN LA CIENCIA: ALEJANDRA PUPIO

07 de Marzo de 2018


MUJERES EN LA CIENCIA: ALEJANDRA PUPIO

El papel de las mujeres en la práctica de la arqueología argentina. Notas breves sobre una historia de la disciplina

 

En el año 1945, Emma Nozzi (Guardia Mitre, Río Negro, 1917-1999) maestra normal de la localidad de Carmen de Patagones, le escribía a Milcíades Vignati, por entonces Jefe del Departamento de Antropología del Museo de La Plata. En esta carta Emma le comunicaba que, como maestra normal de sexto grado, había creado la Comisión de Estudios Arqueológicos llamada “Quintuntchenque”, desde donde conformaron una colección de alrededor de 100 piezas. También le envió en esa oportunidad el periódico escolar publicado con los alumnos en el que se publicaron entrevistas realizadas a vecinos indígenas. Con esta carta y este envío se iniciaba una relación que duraría varios años.

Lejos de ser este un caso aislado, el intercambio de información de materiales y la correspondencia habitual que establecieron Nozzi y Vignati, fue una práctica generalizada entre los arqueólogos de universidades y aficionados y aficionadas a la arqueología de ciudades de la provincia de Buenos Aires, en la primera mitad del siglo XX. Para ese entonces aún no existían las carreras universitarias de arqueología, los profesores universitarios dedicados a esta ciencia eran Médicos, Historiadores o Profesores de Ciencias Naturales, y los traslados desde Buenos Aires o La Plata hacia los campos de la provincia donde se encontraban los sitios arqueológicos eran difíciles y muy costosos. Por eso, fue necesario tejer redes de sociabilidad que conectaran a las universidades con las escuelas, los museos y los vecinos de las pequeñas ciudades. La presencia de estos colaboradores invisibles pone de manifiesto que la ciencia fue y es una práctica de carácter cooperativo. Las y los historiadores de la ciencia hemos podido reconocer que detrás de figuras, como Florentino Ameghino o Francisco Pascasio Moreno, se escondían una inmensa red de proveedores de datos, dibujos y objetos. La historia de la arqueología actual muestra que, en los momentos previos a su profesionalización, contó con una fuerte presencia de científicos y científicas vocacionales que fueron mucho más que meros espectadores o consumidores de las ideas producidas por otros. De este modo, al escribir la historia de la arqueología hemos dejado atrás los relatos centrados en las trayectorias de profesores e instituciones, para dar lugar a una historia social de la ciencia que considera no solo aquello que se escribe y publica sino las prácticas, los espacios en los que se produce la ciencia y los agentes involucrados.

Desde esta perspectiva, sabemos que la práctica de la arqueología en la Argentina, al menos hasta la década de 1950, incluyó a profesores universitarios y amateurs, mayoritariamente hombres que tenían ocupaciones como periodistas, médicos, comerciantes, maestros, directores de escuelas de ciudades como Bahía Blanca, Trenque Lauquen, Necochea, Mar del Plata, solo por nombrar algunas de las tantas localidades bonaerenses. Con menos frecuencia se identifican a las mujeres en la práctica de la arqueología.

Como relata la antropóloga Ana Carolina Arias, en “La participación femenina en los primeros años de la Sociedad Argentina de Antropología (1930-1940)” publicado en Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología en 2017, las historias de la disciplina, las mujeres son mencionadas ocasionalmente, sin embargo, la participación femenina en las ciencias antropológicas, si bien no ha sido mayoritaria, puede registrarse desde comienzos de siglo XX. Incluso, su presencia en la Sociedad Argentina de Antropología aumentó con el paso de los años desde su fundación en 1930, llegando a ser mayoría de socias alumnas a partir del período 1938-1939. Como señalan diversos autores, el desarrollo de las carreras académicas fue paulatino para las mujeres, logrando puestos de menor jerarquía que los hombres y accediendo en muchos casos a ocupaciones cuyas tareas eran consideradas “femeninas”, como las mediciones, el cálculo, la ilustración o el trabajo como secretarias, bibliotecarias o asistentes como menciona Susana García en su artículo “Mujeres, Ciencias Naturales y empleo académico en la Argentina (1900-1940)” publicado en Revista Internacional Interdisciplinar INTERthesis en 2011.

La participación de las mujeres, durante las décadas de 1930 a 1950, no solo se puede observar en universidades y museos universitarios, sino en espacios escolares, bibliotecas populares, museos municipales de ciudades como las del sudoeste bonaerense. El universo de coleccionistas y aficionados de provincia en esas décadas estaba conformado mayoritariamente por hombres que ocupaban un papel relevante en sus comunidades de origen. Sin embargo, se han registrado, aunque muy pocas, mujeres que han sido coleccionistas y aficionadas y que han accedido a la dirección de museos estatales. Una de ellas fue Emma Nozzi, quien junto con Mercedes Aldalur (Chascomús), fueron directoras de museos y trabajaron como maestras normales en ciudades en las que además, participaban de sociedades civiles, escribían y desarrollaban proyectos educativos que trascendían la actividad escolar.

Más allá del caso de estas dos mujeres, es posible observar que una buena cantidad de maestras actuaron como corresponsales e intermediarias entre los vecinos y los arqueólogos de las instituciones nacionales, como el Museo de La Plata, solicitándoles información para la conformación de museos escolares o enviándoles objetos arqueológico. La participación de las mujeres se vio favorecida por las posibilidades que la docencia les ofrecía a las mujeres de la pequeña burguesía urbana, que se traducían en un cierto grado de emancipación y en la posibilidad de actuar en un espacio propio en forma innovadora, a pesar de que el magisterio transmitió mayoritariamente modelos de género hegemónicos. Algunas de ellas, aunque en menor medida, como Emma o Mercedes, pudieron ejercer cargos de gestión institucionales como directoras de museos y así tener un papel con mayor protagonismo en la práctica científica y en lo relativo al manejo de las colecciones.

Si bien la participación de la  mujer, en la conformación de los grupos de expertos en el campo de la arqueología o la museología, en las décadas de 1930 y 1950 fue escasamente reconocida, las historias de la arqueología están comenzando a complejizar la práctica de la disciplina en nuestro país. Estas investigaciones nos permiten conocer que las mujeres participaron, con distintos grados de compromiso y posición, en diferentes redes de intercambio de objetos e información, en la promoción de sitios o temas de investigación y en las tareas burocráticas que se generan en torno a la localización de sitios arqueológicos, recolección de materiales, y documentación y exhibición de las colecciones de los museos. Por otro lado, nos ayuda a comprender que ellas integraron distintas redes de sociabilidad y establecieron simultáneamente, relaciones relativamente horizontales así como algunas asimétricas. Además, que en el caso de la participación de las mujeres de pequeñas ciudades, como Emma Nozzi y Mercedes Aldacur, su identidad docente configuró su perfil como funcionarias, lo que las distinguió en este colectivo de aficionados y coleccionistas.

Finalmente, algunas de las cuestiones que emergen en la historia de la disciplina, son relevantes para analizar el papel que las mujeres poseemos hoy en la práctica científica. Por un lado, hoy presenciamos un creciente  reconocimiento de las mujeres en las tareas científicas como producto de la lucha femenina, al que se le contrapone la disparidad de género en los puestos de mayor jerarquía para la gestión de la ciencia, aún en campos disciplinares caracterizados por una fuerte feminización. Sin dudas, resta un largo camino de debates, en el que probablemente estas historias de mujeres constituyan un aporte significativo.


 

Bibliografía

Pupio, A. 2011. Coleccionistas, aficionados y arqueólogos en la conformación de las colecciones arqueológicas del Museo de La Plata, Argentina (1930-1950). En A. Heizer y M. Lopes (eds.), Coleccionismos, Prácticas de campo e representacões: 269-280. Paraíba, Campina Grande: EDUEPB.

Imagen 

Sesión del Primer Congreso de Museos Históricos y Regionales de la Provincia de Buenos Aries y
Patagonia, realizado en enero de 1952 en Carmen de Patagones. En la segunda fila a la derecha,
Emma Nozzi, una de las dos mujeres presentes en la reunión. Foto: Museo y Archivo Histórico de
Bahía Blanca.

 

Alejandra Puppio es Doctora en Filosofía y Letras orientación arqueología UBA, Licenciada y Profesora en Historia UNS. Profesora Adjunta del Departamento de Humanidades, Universidad Nacional del Sur e Investigadora asociada Adjunta CIC Provincia de Buenos Aires. Temáticas de trabajo: investiga sobre la historia de la práctica de la arqueología y su popularización en el siglo XX y especialmente el papel que las comunidades locales tuvieron en estas acciones; en relación con este tema analiza el surgimiento de los museos locales y regionales en las provincias y territorios nacionales. Coordina el Grupo Patrimonio y Comunicación Pública de la arqueología (Departamento de Humanidades UNS) que integra la Red de Cultura Científica de la Provincia de Buenos Aires.

E-mail: mapupio@uns.edu.ar