MUJERES EN LA CIENCIA: ILDA ENTRAIGAS

26 de Marzo de 2018


MUJERES EN LA CIENCIA: ILDA ENTRAIGAS

La sutil textura de la Pampa Deprimida

La Pampa Deprimida ocupa el centro-este de la provincia de Buenos Aires (60.000 km2). Su denominación hace referencia a la fisonomía y constitución de su vegetación predominante (pastizales) y a la escasa expresión morfológica de su relieve (llanura).

El paisaje típico de esta región está conformado por extensas praderas herbáceas solo interrumpidas, a manera de “parches”, por lagunas de diferentes tamaños, arboledas implantadas en los puestos y cascos de establecimientos agropecuarios, algunos potreros agrícolas, y los pueblos y ciudades bonaerenses. Por otro lado, hay elementos que surcan el paisaje a manera de “corredores”, como los cursos de agua (arroyos y cañadones), las dunas, los bordes de alambrados, y las vías de transporte (rutas, caminos vecinales y vías férreas).

Desde el punto de vista hidrológico, lo más notable del comportamiento del agua en regiones tan deprimidas como éstas, es su acumulación sobre la superficie y la interacción que se establece entre las aguas superficiales y las  subterráneas. El agua sobre el terreno no adopta una única dirección de movimiento, sino que actúa en forma desordenada, indefinida e imprevisible, y los escurrimientos se vuelven areales y mantiformes. Esto provoca que, durante las inundaciones, no se produzca la típica convergencia del deslizamiento hacia una red de drenaje como principal vía de movimiento del agua, sino que debido a la escasa capacidad de los cauces y la poca definición de los valles de inundación, se produzca un fenómeno de llenado y encadenamiento de áreas bajas. Así, los anegamientos son de poca profundidad, generalmente inferiores al metro, y con un tiempo de permanencia muy largo con relación al área de aporte (no es rara una lámina de agua de algunas decenas de centímetros durante 10, 15, 20 o más días).

Por su parte, los suelos de la Pampa Deprimida tienen muchas limitaciones para la actividad agrícola dadas por su contenido de sales, escasa profundidad y drenaje deficiente, pero son aptos para la cría extensiva de ganado, principalmente vacuno. Los pastizales naturales son, justamente, la fuente de forraje más importante para el ganado y, aunque en una primera mirada, estas praderas puedan parecer homogéneas, en realidad en su seno se destacan flechillares, pajonales, peladares, duraznillares, juncales y totorales, entre otras comunidades.

Así, los pastizales constituyen un mosaico de comunidades vegetales de extensión variable, cada una de los cuales tiene límites reconocibles y una composición característica de especies. Este particular arreglo espacial está asociado con la heterogeneidad de otros aspectos del paisaje, como las variaciones locales en la topografía y la humedad y salinidad del suelo. Claro está que el pastoreo por parte del ganado doméstico también modifica la composición de las especies en estas comunidades, ya que selecciona a unas en desmedro de otras.

La impronta que dejan estas comunidades en el paisaje es muy importante, ya que son ellas las que lo definen a partir de su particular fisonomía. Pero este paisaje ha sufrido transformaciones a lo largo del tiempo, principalmente como consecuencia de las actividades humanas. Así, los cultivos y las pasturas implantadas van reemplazado enormes extensiones de pastizales naturales, miles de cabezas de ganado doméstico han sustituido a los herbívoros originarios, numerosas carreteras y caminos han ocupado antiguas huellas, decenas de canales han multiplicado la red de drenaje, miles de tanques australianos han modificado la distribución del agua, extensos tendidos de alambrados han compartimentado la superficie, varias especies introducidas (jabalíes, ciervos colorados, liebres europeas, almejas asiáticas, carpas, gorriones, eucaliptos) han desplazado o eliminado a especies autóctonas, diversos asentamientos urbanos han ocupado sectores de riberas y valles de inundación, etc. Todos estos cambios tienen consecuencias relacionadas con la erosión de los suelos, la fragmentación del paisaje, la pérdida de biodiversidad y la alteración de la calidad de las aguas, entre muchos otros aspectos.

En sentido amplio, estos ambientes proveen gran cantidad de bienes y servicios de suma importancia. Son fuente de alimento para el hombre, otorgan nutrientes y refugio a innumerables especies silvestres, constituyen el forraje para el ganado doméstico, proporcionan agua para bebida y riego, constituyen un importante reservorio genético y de biodiversidad, participan en el secuestro de carbono, la regulación hídrica, el ciclado de los nutrientes, el mantenimiento de la calidad del aire y el control de la erosión de los suelos, son ambientes ideales para diversas actividades de turismo y recreación, y son verdaderos laboratorios a cielo abierto en los que miles de científicos llevan a cabo sus investigaciones.

Como todo sistema natural, la Pampa Deprimida debe ser considerada como un sistema complejo, dinámico y sensible. Un sistema que responde a los numerosos estímulos a los que es sometido continuamente, y los patrones, los procesos y la dinámica de su paisaje son resultado de las interacciones entre la sociedad y los ecosistemas que la conforman. Todas las decisiones que se tomen sobre ella (por ejemplo, la gestión de sus recursos naturales o el ordenamiento de su territorio), exigen que se conozcan tanto los elementos que se observan sobre el terreno, como aquellos procesos que subyacen y que luego terminan manifestándose en superficie. Es trascendental que los diferentes actores sociales que formamos parte de este paisaje tan particular, tomáramos cartas en el asunto:

Los políticos, porque son los que diseñan y ponen en marcha políticas y estrategias de gestión del territorio y manejo sustentable de los recursos naturales.

 

Los productores rurales, porque tienen un rol fundamental en este desafío de impulsar un desarrollo equilibrado de la región, ya ellos son, en parte, los custodios de los relictos de pastizal natural, de las riberas de los arroyos, de la fauna silvestre, de los suelos, de las aguas superficiales y subterráneas.

 

Los docentes, porque constituyen las vías más eficientes para multiplicar el conocimiento y transmitir valores.

 

Los científicos, porque a partir de nuestras investigaciones se debería lograr una comprensión más integral de la naturaleza, incluyendo aspectos sociales además de los físicos, matemáticos o puramente biológicos. Y debido a que es éste el sector al que pertenezco, propongo que además de destinar esfuerzos en la escritura de trabajos para revistas científicas, también destinemos un tiempo a elaborar artículos de divulgación, porque antes de aspirar a ser miembros de una academia, deberíamos involucrarnos en la sociedad en la que vivimos.


 

En el Instituto de Hidrología de Llanuras “Dr. Eduardo J. Usunoff”  (UNCPBA – CIC-CONICET) trabajamos 50 profesionales, de los cuales 21 somos mujeres. Geólogas, agrónomas, biólogas, químicas, ingenieras…, todas abocadas a entender la estructura, dinámica y evolución de una típica cuenca de llanura inmersa en la Pampa Deprimida. Una región con una sutil textura, dada por su paisaje extremadamente plano y aparente uniformidad, pero en que las mujeres (especialmente aquellas que viven en esos puestos perdidos en medio de un campo, o las que dan clases a un puñado de niños en las escuelitas rurales) le otorgan un particular encanto.    



 

Ilda Entraigas

ilda@faa.unicen.edu.ar

Doctora en Ciencias Naturales. Investigadora del Instituto de Hidrología de Llanuras “Dr. Eduardo Usunoff” desde hace 26 años; actualmente a cargo de la línea de investigación de Ecología de Paisajes. Como producto de su actividad científica ha publicado numerosos artículos en revistas de su especialidad, y ha participado de congresos como integrante de comités académicos, expositora y conferencista. Es evaluadora de artículos que aspiran a publicarse en revistas científicas nacionales e internacionales, y de tesis de grado y postgrado. Dirige proyectos de investigación y tiene a su cargo la formación de becarios y tesistas. Es ferviente entusiasta de las actividades de extensión, por lo que ha organizado congresos, jornadas, talleres y seminarios con el fin de acercar los saberes científicos al resto de la comunidad.