MUJERES EN LA CIENCIA: NATALIA MATEWECKI

05 de Marzo de 2018


MUJERES EN LA CIENCIA: NATALIA MATEWECKI

 

La ciencia no ha sido siempre algo exclusivo de los científicos. Pintores, filósofos, músicos o escritores de distintas épocas han aplicado teorías y métodos científicos a sus propias disciplinas. Así pues, los cruces entre la filosofía, el arte y la ciencia han explicado y representado el mundo desde la antigüedad hasta nuestros días, claro que de maneras diferentes.

Los desarrollos científicos y técnicos posibilitaron que filósofos como Locke, Popper, Deleuze, Guattari o Baudrillard (algunos con más legitimación y aprecio de los científicos que otros) establecieran puentes entre ambas áreas de conocimiento. En literatura, las conocidas historias de Julio Verne, Isaac Asimov, Aldous Huxley o Jorge Luis Borges narran los saberes científicos de su época y, en ocasiones, se adelantan a los que vendrán.

Asimismo, las artes visuales han establecido puntos de contacto con la ciencia desde hace varios siglos, especialmente cuando en el Renacimiento se estableció que el arte bello debía regirse por la proporción, la armonía y el equilibrio. Tras unos cuantos cálculos algebraicos para dividir el espacio de la tela por el número áureo (1,61803398874989…) el artista ya estaba en condiciones de empezar a pintar. Más acá en el tiempo, algunos saberes desarrollados por disciplinas como la física, la biología o la psicología se convirtieron en fuentes temáticas para los artistas de vanguardia. Por ejemplo, Salvador Dalí era un apasionado de las publicaciones científicas como Nature, Science et Vie o Scientific American, razón por la cual trasladó al lienzo ciertos conceptos de biología molecular, genética y física cuántica que eran totalmente novedosos para el arte, y también para la ciencia de la época.

A estas conexiones entre las artes y las ciencias se le suma en la actualidad el uso de la tecnología. La aplicación de los conocimientos informáticos posibilita generar mundos simulados, virtuales, que en ocasiones parecen reales. Es el caso de la vida artificial que permite simular las propiedades y comportamientos de los seres vivos en entornos generados por computadora. Gran parte de estos saberes son tomados –y premiados–  por el mundo del arte bajo una nueva categoría conocida como arte de la vida artificial, integrada por obras de realidad virtual, realidad aumentada, robóticas y digitales.

Cabe destacar que los préstamos no son unidireccionales, aunque la mayoría de las veces sean los filósofos, escritores, músicos o artistas visuales los que toman conceptos de la ciencia, es la creatividad, originalidad y, sobre todo, transgresión de estas disciplinas las que han permitido expandir el horizonte científico al acceder a nuevos descubrimientos y formas de pensar.

Mujeres en la convergencia de saberes

El trabajo de las mujeres científicas, filósofas, escritoras y artistas (mayormente visible desde mediados del siglo XX) ha formado parte de la construcción de nuevos marcos teóricos y proyectuales. En este sentido, los aportes de autoras como Rosi Braidotti y Victoria Vesna acerca de la convergencia entre ciencia, humanidades y arte, son realmente interesantes.

Según plantea Rosi Braidotti, filósofa ítalo-australiana, nos dirigimos hacia una intensa forma de interdisciplinariedad, transversalidad, de vaivenes continuos entre las distintas esferas del saber que influyen en la estructura profunda del pensamiento de una cultura. Esta transdisciplinariedad se caracteriza por una alianza entre las ciencias, las humanidades (filosofía, historia, letras) y las artes, al difundir múltiples redes de conocimiento que posibilitan generar nuevos vínculos entre los sujetos, el medioambiente, el reino animal y la tecnología.

Por su parte, la artista y académica norteamericana Victoria Vesna nos habla de una Tercera Cultura al proponer al arte como el lugar de mediador entre las ciencias y las humanidades, dado por su rol crítico y comunicador. A veces, señala Vesna, lograr esta comunión no es tarea fácil ya que se debe negociar entre el canon de la racionalidad y el espacio poético, por ello, es imprescindible mantener el respeto mutuo y trabajar en una atmósfera de colaboración.

En el marco de este fenómeno de cruces entre las ciencias, las humanidades y las artes, surge el bioarte, un género artístico que combina procedimientos técnicos y metodológicos de la biotecnología con aspectos éticos y estéticos.

Actualmente, son varias las artistas que realizan proyectos dentro de este género. A nivel local, se destaca el trabajo de Luciana Paoletti con bacterias y hongos para realizar las series Pinturas,  Retratos y Paisajes, en los que logra hacer visible un mundo invisible a simple vista. Otro caso, es la obra Síntesis Simbiótica entre una máquina y un ser vivo de Marina Zerbarini, quien crea un ambiente artificial para que un grupo de pollitos pueda nacer bajo condiciones no naturales. En tanto, que las instalaciones de Alejandra Marinaro y Romina Flores (integrantes del colectivo Proyecto Untitled) exponen el trabajo conjunto de artistas, diseñadores, ingenieros, biólogos y biotecnólogos con el objetivo de describir mundos utópicos.

A nivel internacional, podemos mencionar obras como las de Tagny Duff y Verena Kaminiarz, ambas canadienses, han desarrollado algunos de sus proyectos en el ámbito del laboratorio SymbioticA en Australia. Por su parte, Tagny Duff genera instalaciones y performances a partir del uso de lentivirus (cepa HIV-1) y protocolos para inmunohistotinción, un procedimiento de coloración celular que realiza sobre tejido mamario humano y porcino. En cuanto a Verena Kaminiarz, su trabajo expone una crítica al uso y manipulación de animales de laboratorio. En sus proyectos trabaja con ratones a los que se les introduce ADN humano para producir roedores transgénicos que reaccionan a los experimentos de una manera más humana. Lo provocador es que su reprobación a ciertos aspectos de la ciencia es realizada desde el propio seno científico.

Julia Reodica, artista norteamericana, también ha realizado una residencia de investigación y producción en SymbioticA para desarrollar la obra The hymNext Project, que consiste en la creación de una serie de hímenes artificiales. Las piezas de Reodica tienen como objetivo confrontar la sexualidad moderna al promover la reflexión acerca del cuerpo femenino y el énfasis que nuestra cultura deposita en la virginidad de la mujer.

En esta misma línea, se inscribe el colectivo feminista nortemericano subRosa que integra arte, activismo y política para explorar y criticar los efectos de la biotecnología en el trabajo, la vida y los cuerpos de las mujeres. Mediante performances y workshops donde destacan el concepto DIY (do it yourself) deciden enseñar al público los diversos aspectos de la biotecnología. Por ejemplo, en Epidermic! DIY Cell Lab, proponen realizar desde experimentos cotidianos como la preparación yogur hasta la visualización de procedimientos genéticos bacteriológicos y otros ligados a la clonación de células madre embrionarias y adultas. En varias ocasiones, los resultados de las discusiones culminan con la realización de una muestra coproducida por subRosa y el público participante.

Otras artistas que han realizado obras dentro del bioarte son: Ionat Zurr  (integrante del colectivo TC&A y fundadora del laboratorio australiano SymbioticA), Marta de Menezes, Orlan, Gail Wight, Kira O’Reilly, Amy Congdon, Peta Clancy, Lucia Sommer, Hege Tapio y Boo Chapple, por mencionar solo algunas.

En suma, podemos considerar que el bioarte se ubica en un lugar intermedio de convergencia entre disciplinas al posicionarse como un espacio crítico, de diálogos y discusiones, sobre la ciencia, el arte y la filosofía. Las obras proponen, entre diversos temas, repensar el rol de la mujer, los vínculos con el medioambiente, la fusión con la tecnología, y la relación equitativa con los animales y los nuevos seres de laboratorio. En consecuencia, extender la creación fuera del ámbito habitual de los artistas, así como, ampliar los límites del conocimiento y concientización fuera del campo científico, también adquiere en la actualidad un importante valor social.  


Natalia Matewecki es Doctora en Artes por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Magíster en Estética y Teoría de las Artes, UNLP. Especialista en Producción de Textos Críticos por la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Profesora y Licenciada en Historia de las Artes Visuales, UNLP. Es docente e investigadora en la Facultad de Bellas Artes, UNLP y en el Departamento de Artes Audiovisuales, UNA. Desde el año 2000 investiga las relaciones entre arte, ciencia y tecnología. Del 2006 al 2012 fue becaria de investigación de la UNLP donde se especializó en bioarte. En el año 2008 realizó una residencia de investigación en el Laboratorio de Artes Biológicas “SymbioticA” de la University of Western Australia.

 

Créditos de la imagen:

Julia Reodica, “Unisex Hymen” de la serie The hymNext Project, 2004.